Eugenio tiene cuatro años y por primera ocasión su padre lo llevo a al estadio Nemesio Diez para ver un partido de fútbol. Eugenio desde su llegada a la entrada del estadio pregunto por qué todos iban vestidos de rojo y él no, su padre de inmediato le compro la camiseta y la gorra con el emblema de los diablos, con lo cual Eugenio se sintió bien vestido.
El niño vivió en la tribuna la experiencia primera de sentarse junto a personas que gritaban de todo, al árbitro, al rival y hasta los vendedores de refrescos, cervezas que se tardaban en pasar a refrescarles la garganta.
La inocencia del aficionado en ciernes lo tomo primero por sorpresa y poco a poco se fue acostumbrando a ello. Veía el movimiento de los jugadores en la cancha y se daba cuenta cuál era su equipo, porque vestían como él, de rojo.
El niño disfrutó en grande estar por primera ocasión en un estadio de fútbol, y escucho de su padre todas las respuestas a sus preguntas y disfruto de su compañía en un ambiente diferente al de su casa y kínder.
Cero, cero el resultado final, que seguramente quedará en su recuerdo y que lo motivara para pedirle a su padre que lo lleve de nuevo a ver si ahora si hay goles.
Luego del fútbol a comer y que mejor que hacerlo en un restaurante de esos que cuentan con juegos infantiles en su interior, mientras se sirven los alimentos.
En un momento determinado Eugenio llegó corriendo a la mesa donde estaban sus padres y con cara de asombro les dijo.
-Papá, un niño que no es mi amigo me dijo. -
¡ Tú. Ese del Toluca! ¿No quieres jugar?
Eugenio recordó que traía puesta la playera del Toluca, sus ojos se iluminaron y corrió donde sus padres para hacerles notar que aunque no sepan su nombre los niños, él fue identificado por la playera del equipo Toluca.
Eugenio no se quita la playera desde el domingo, porque sabe que eso le da identidad.

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